martes, 20 de noviembre de 2012

Entrevista en Cubacine: Laura de la Uz

Entrevista en Cubacine

Los minutos, la hora con Laura de la Uz

Por Luis Orlando Rodríguez Rodríguez


Laura de la Uz con Daniel Díaz y Gerardo Chijona © Héctor Garrido






viernes, 9 de noviembre de 2012

Llegó el primer frente frío…


...y La Habana luce como otra ciudad, menos caribeña. Hay viento y las copas de los árboles no paran de moverse, caen algunas tímidas hojitas amarillas, que se ven tan lindas en las pocas calles que quedan empedradas en el barrio del Vedado, que brillan más, bajo la fina humedad de la lloviznita que cae.






El colorido que normalmente cubre la ciudad, se ha tornado un poco gris...sólo un poco, pero suficiente para el cubano, que no espera que la temperatura baje, al menos de 25 grados, para colocarse cuanta ropa invernal bonita, tenga guardada. Seguramente alguien se la ha mandado  de "afuera" o algún familiar o amigo de visita en la ciudad, se la ha dejado de regalo. Probablemente no sea de su talla, su color preferido, de su estilo o marca (si, porque a pesar del bloqueo y de “todo”, el cubano tiene sus preferencias de marcas) pero es lo que hay y "hay que aprovechar este friecito para lucirlo".

Las mujeres se maquillan un poco más y nos vemos  más limpios, como acabaditos de duchar. Salen a relucir bufandas antiguas, sombreros de lana, panties que "hacen lucir las piernas tan lindas". El sobretodo de cuando la Unión Soviética, las botas de cañero, que eran de un tío de un socio, que un día se quedó a dormir en la casa…

...pero siempre nos falta un atuendo, algo con qué combinar. Entonces, comienza  el verdadero desfile del Carnaval de La Habana. Combinaciones que ni el propio Gabriel García Márquez pudiera imaginar.

"Tengo tremendo abrigo, pero me faltan los zapatos cerrados"."Me trajeron unas botas preciosas, pero no tengo pantalón largo...ni sayita corta, que me pudiera pegar". "Tengo un sombrero volao, pero no tengo ná pa abajo"! 

 …y si queremos “lucir”, no nos queda otra que pedir....

“¿Ay, mi prima, tú no tienes un pullover gris o negro de manga larga que me pegue con mi saya roja de salir?

“Ay, mija, préstame los zapaticos esos de tacón cerrados, que me invitaron esta noche a un restaurante muy fino. Tengo un vestido precioso, de mangas largas y todo, pero no tengo los zapatos y mija, me da tremenda pena ir en  sandalias con el frío que hay”

“Óyeme Mercedita, devuélveme el jeans que te presté el año pasado, porque cuando aquello yo tenía otro, pero ahora engordé y no me sirve y niña, ese que te presté, es el único que tengo”

También tomamos té…a la hora que sea. Y este invierno, al fin, comeremos churros de verdad, gracias a los “timbiriches” que florecen en todos lados. Los hay rellenos de chocolate o de leche quemá. “¿De qué lo quieres, mi niño, de limón o con chocolate por dentro y por fuera?” "¡De lo que sea señora, de lo que sea!"

Y así transcurre La Habana en este invierno tropical, entre un viento del norte y la playa; el té con ron; los churros con frijoles negro…y la ropa prestá.



Laura de la Uz



domingo, 28 de octubre de 2012

Un Delirio sin par

Un Delirio sin par

Hace ocho años regresaba a La Habana después de una muy larga estadía en Chile, de aproximadamente seis años. Decidía, por ese entonces, volver a mi ciudad, a mi tierra, por muchas razones. Entre ellas, retomar mi carrera como actriz en mi país, donde la gente en la calle aún me recordaba y me mostraban mucho cariño. Fue algo que no me esperaba. Habían pasado muchos años y muchos actores seguían acá, trabajando duro, dejando huella, mientras que otros muchos habían surgido para ganarse el corazón de los cubanos…y yo en medio de ellos, también seguía habitando en el corazón de mi gente.
Llegué un día de junio, con mi hija de dos años en brazos y con la idea de comenzar a trabajar en todos los medios, pero en proyectos que presumieran nuevos retos para mí. Mostrar mi crecimiento, no sólo como actriz, sino como persona y como mujer.

Fue así que un día Raúl Martín, director de Teatro de la Luna (compañía que fundé junto con él) me ofrece trabajar en un nuevo proyecto llamado Delirio Habanero, de un dramaturgo cubano fallecido en ese entonces hacia apenas un año. La obra trata sobre tres dementes melómanos que creen ser grandes figuras de la música y la sociedad cubana y que se reúnen todas las noches en un bar abandonado de La Habana. Los personajes que ellos creen ser son, de una parte, Beny Moré, el más grande músico popular cubano de todos los tiempos, de otra, Varilla, el famoso barman de la célebre “Bodeguita del Medio” y finalmente una mujer que vive segura de que ella es la mismísima encarnación de Celia Cruz, la gran cantante cubana que emigró de Cuba a principios de la revolución.



Y así nos reunimos dos actrices y un actor para dar vida a estos personajes, que no son más que una justificación para hablar de la realidad de los cubanos, sus dolores, sus contradicciones y sus esperanzas. A través de la música, las discusiones y los abrazos.

Fue un montaje que nos llevó nueve duros meses de nuestras vidas. Desde que comenzamos a levantar la obra comenzaron a aparecer todo tipo de obstáculos y vicisitudes. Primero no teníamos local de ensayo, hasta que nos asignaron uno, precisamente y no por casualidad, un cine abandonado de nuestra ciudad que hoy continúa siendo nuestro local de ensayo, con el sueño de convertirlo, un día no muy lejano, en una sala de teatro donde presentar nuestras obras. Después aparecieron todo tipo de enfermedades. Cuando se sanaba  uno, entonces se enfermaba otro y así nos íbamos turnando en un círculo de adversidades de dónde a veces nos parecía imposible salir. Gripes fuertes, esguinces, contracturas de espalda, infecciones de cualquier tipo y hasta dengue. Fue así que decidimos dar rienda suelta a nuestro folklore religioso y encargar una misa espiritual. Necesitábamos encontrar una explicación a tanto impedimento. Raúl que se declara ateo por convicción, Amarylis y yo, que  nunca habíamos tenido una experiencia de este tipo y Mayito, que sí cree y le encanta conocer y adentrarse en la religión yoruba. Teníamos  que bautizarnos, ese fue el dictamen. Y ante los ojos asombrados e incrédulos de nosotros mismos, todos nos bautizamos, hasta Raúl probó el agua bendita en su frente. Hicimos una bóveda espiritual en nuestro teatro, donde todas las mañanas y antes de comenzar los entrenamientos, debíamos encenderles una vela y pedirles permiso a los espíritus de estos seres para representarlos en esa obra. Y así fue como pudimos avanzar, no sé si porque finalmente nos dieron permiso o porque esa ceremonia provocó que todos nos sintonizáramos más para el trabajo. La cosa fue que la obra salió…y ha sido un regalo maravilloso todo lo que hemos vivido desde su estreno en el 2006 en La Habana. Teatros abarrotados de cubanos que reían y lloraban al verse retratados a través de personajes  a quienes amamos. Numerosos premios, festivales y giras internacionales, pero sobre todo, el reconocimiento de un público que abarrotaba las salas con largas e intensas ovaciones.






Celia Cruz y yo

La imagen que yo tenía de Celia es la misma que teníamos muchos cubanos que nacimos después de la revolución, y está arraigada en su situación política, degradando así su grandísima condición de artista grande. Apenas la había escuchado, pues en Cuba estaba prohibido escucharla. No se oía en las radios ni en las casas, y si las personas la escuchaban, lo hacían bajito, casi a escondidas. Celia, a ojos de muchos cubanos, no era más que una gusana, o sea una desafecta (que palabra tan fea) de la revolución.

Para poder adueñarme de su estatura, tuve como primer paso, que sacarme de encima muchos prejuicios mal formados. Comencé a escucharla. Poco a poco fui descubriendo canciones memorables, boleros, guarachas, sones, guajiras, en una voz y una energía inigualables. Amigos que viven en Miami me enviaban discos con entrevistas hechas a ella…y me enamoró la Reina con su cubanía, con su autenticidad, con su alegría por la vida, su ética y su amor indiscutible por una tierra que prácticamente la exilió y  a la que nunca más pudo regresar. Y ese era su sueño más preciado. No pudo regresar ni cuando falleció su madre, a poco tiempo de ella quedarse a vivir fuera de Cuba, ni tampoco después. Cuando más cerca estuvo de su tierra fue en la Base Naval de Guantánamo donde se presentó  para dar un concierto. Y queda de ese momento una pequeña foto donde ella guarda celosamente un puñadito de tierra cubana en un pequeño sobre de nylon.


Mi sueño más preciado con esta obra era poder representarla en lugares donde la Reina fue aclamada y es aún muy querida. En Colombia y en España (lugares a donde, no sé porqué razones no hemos podido llegar) y a Venezuela, Miami y Nueva York. Un buen día, hace ya exactamente un año, llegamos a Nueva York, con una emoción que aquí, en este pedazo de hoja me es imposible de describir. En una noche preciosa Manhattan se abría a nuestros ojos cubanos por primera vez, desde el taxi que nos trasladaba del  aeropuerto. Cuando sólo faltaban segundos para divisar a La Gran Manzana pusimos a Celia a toda voz en la laptop de Raúl. Ella cantaba La vida es un carnaval. Los cubanos, dentro del Yellow cab, llorábamos desconsolados, viendo cumplirse, como en los cuentos, un sueño dorado que abrazamos durante años. En siete días dimos cinco funciones a teatro repleto, con más ovaciones cerradas y gritos de “Viva Cuba”. Conocimos a su representante Omer Pardillo, quien nos contó y nos regaló lo mejor de ella. Fue a nuestras funciones de Miami con dos de las mejores amigas de “la negra” y para más regalo, acudieron emocionados a abrazarnos a los camerinos. Finalmente visitamos su tumba y le canté con todo mi corazón a los pies de ella su Vieja Luna. Lloramos otra vez y nos fundimos en un abrazo de siete personas, por un sueño. 




Mi Celia: He aquí este agradecimiento profundo y las disculpas de una cubana, que en su ignorancia, por mucho tiempo no vio a la cantante inigualable, a la cubana más auténtica que haya existido y al ser humano inmenso que habitó en ti. Dejándome llevar por prejuicios infantiles e injustos con los que hemos vivido por tanto tiempo los cubanos.

Sirva este espacio para hacer público una vez más mi dolor y mi alegría por ti. Mi gratitud a la vida, por haberme concedido la dicha de conocerte y poder reparar de una forma muy modesta todo el daño que sufriste.

Vives por siempre en el corazón de todos los cubanos, que hoy te escuchan más que ayer. Y en el corazón mío, que hoy te ama, como nunca te amó y admiró. ¡Gracias, “Guarachera de Cuba”!

Laura de la Uz





Fotografías de los ensayos de Delirio Habanero: © Héctor Garrido, 2012

viernes, 26 de octubre de 2012

Delirio Habanero

Fotografías de los ensayos de la obra "Delirio Habanero" con el Teatro de la Luna (La Habana, Cuba). Libreto de Alberto Pedro bajo la dirección de Raúl Martín. Elenco: Laura de la Uz, Amaryllis Núñez y Mario Guerra. Fotografías: © Héctor Garrido, 2012.


 

 




























lunes, 15 de octubre de 2012

La música que llevo en mi

Ando ahora mismo en un rincón tan lejano y solitario, que parece una total dicotomía esto de estar tan lejos y oculta, y a la vez, haciéndome tan pública, tan cercana y expuesta a través de este blog.
Cercanía es aquello que buscamos los artistas mientras expresamos lo que hacemos, en caso de que yo me pueda llamar artista...porque una cosa es actuar (en mi caso) y otra bien distinta es...ser UN ARTISTA!...Pues no sé, esto de tener un blog me emociona, me incentiva y me inspira...porque me inspira la gente, porque la gente me proporciona el dar, entregar, abrirme, mostrar quien soy, eso es lo que más felicidad me produce y sin gente del otro lado, eso sería imposible.Dar lo mejor de mí a otro, al mundo, sin pedir nada de regreso, sin esperarlo...y todo esto tiene también un poco de exhibicionismo...si, ya lo sé, pero bueno, si no me gustara un poquito...¿Cómo podría subirme a un escenario o mostrarme toda frente a una cámara?
La cosa es, amigos míos, que aquí les dejo este blog, que es una cosa tan moderna, para que escuchen, sientan y observen con mucha complicidad...

"La música que llevo en mí"

El nombre surgió porque siempre he soñado con tener un programa de radio nocturno, si, tiene que ser nocturno, porque es a esa hora cuando todos estamos más tranquilos y dispuestos a escuchar, es bajo las estrellas que nos sentimos más vulnerables, íntimos, pequeños....y esa es la hora en la que me gustaría entrar al oído de todos con la música, las palabras, las risas, las anécdotas, en fin, qué se yo....tantas cosas lindas que caben en un pequeñito programa de radio.
....Así es que acá encontrarán toda mi trayectoria como actriz. Currículum,  fotos de películas, obras de teatro, video clips, teleseries, entrevistas, etc, etc...pero también he dejado un espacio para lo que escribo y pienso, para algunas pasiones y por supuesto....para la música.
No sé, realmente "no sé cómo terminará todo esto, sólo sé que quiero compartirlo contigo"
yyyyy bueno, agradecer a Héctor Garrido (pueden, de paso, visitar su blog. Como ven, él también es una persona muy moderna) porque sin su empujón y ayuda directa, este blog quizás nunca hubiera dado a luz y mira, qué casualidad, fue la luz la que nos unió un buen día de abril. Así que, amor, otra vez gracias...por el amor...y por estar.
Y sin más que agregar....¡Con uds "La música que llevo en mí"!

Laura de la Uz