miércoles, 10 de junio de 2015

Nuestras cigüeñas de Doñana

Tengo unos hijos cigueñas, que durante tres años, nos han hecho abuelos a Héctor y a mi.
Anidan en lo alto de la casa que un día fue nuestro refugio, en medio del vasto paisaje de Doñana.
Adoro la primavera en Doñana. Se escuchan las cigueñas con el traquetear de sus gigantes picos. Todas las primaveras llegan después de un largo viaje desde Africa, dispuestas a hacer sus nidos ( en muchos casos a reconstruírlos) trabajando sin parar para la llegada de esos huevos que un día serán sus pollitos.

Pepe y Florecita
Pepe y Florecita peleándose como hermanos
Nuestro cigueño papá se había quedado viudo. Las cigüeñas son aves de una sola pareja para toda la vida. Y el nuestro, se había quedado sólo. Un día lo vimos volver de Africa, pero volvió solo. Y nos dió pena de su soledad en aquel nido. Pero el amor es más fuerte y de pronto alguna dama logró volver a enamorar su corazón. Anidaron juntos y para alegría nuestra, tuvieron dos pollitos (a los que llamamos Pepe y Florecita). Los conocimos aún siendo huevos, los vimos nacer, con los ojos cerrados, sin plumas, sin apenas poder levantar el largo cuellito. Los vimos crecer hasta que se convirtieron en unos jóvenes fuertes y listos para volar. Héctor pudo ver el primer vuelo....primero voló Pepe, después, Florecita. Aprendieron a volar y, un día,.....se fueron. No sabemos donde
habrán hecho sus nidos, si habrán tenido pollitos.....

Sus padres regresaron la siguiente primavera. Se avecinaba gran sequía en Doñana. apenas llovía en primavera. La marisma permanecía seca, cuando debía rebosar de agua... Madre y padre cigueñas llegaron de Africa cansados y encontraron que no tenían apenas qué beber ni comer. Aún así, rehicieron su nido, lo pusieron bien cómodo.....y un día vimos huevitos!!!! esta vez eran 4! Nacieron!!!!!!! Arenita, Cuba, Palmerita....y el cuarto no nació.... Y un buen día, desaparecieron los restantes tres....al parecer un milano, los devoró, necesitado de alimento para él y para sus pollos también. Fue una primavera triste para las cigüeñas.

Y este año, por fin, llegaron nuestros pájaros y estábamos ansiosos por saber cuántos huevos pondrían, atentos a las lluvias, a que no hubiera sequía... Ahora llovía, pero no tanto.....estuvimos atentos, todas las semanas pasando a verlos, a observar el nido. Un buen día...la noticia.....TRES HUEVITOS!!!!!

Otra vez toda la familia movilizada, observando que todo fuera bien, semana tras semana. Leo, Iván, Noé, Héctor, Laura. Amaranta, Margarita y Gonzalo, atentos desde La Habana. Cada nacimiento es una fiesta, cada fallecimiento un dolor.

Obi Wan Kenobi al poco de nacer y su hermanito naciendo
Un buen día...... NACIEROOOOOONNNNNN!!!!!! Ya no sabemos ni qué nombre ponerles, a Leo se le ocurrió que uno podría llamarse OBI WAN KENOBI!!!! Y lo aceptamos!

Semana tras semana hemos ido a verlos, con algún lapso más largo de por medio. Hoy, Estoy en La Habana y Héctor acaba de llegar desde la Isla a nuestra Doñana y, al siguiente día de llegar, ha ido a ver a cómo se encuentra nuestra tercera camada de nietos. y esto es lo que me encuentro....foto de las cigueñas.....

Obi y sus dos hermanos casi listos para comenzar a volar
Y al verlas, me entra como un sentimiento de conciencia acerca de los ciclos de la vida porque un día, ya muy pronto, nuestros nietos aprenderán a volar, comenzarán a practicar su vuelo, cada día a perfeccionarlo y una mañana.......emprenderán el primer viaje, el viaje iniciático, listos para hacer el primer viaje de sus vidas, listos para dejar el nido que los ha cuidado y los ha visto crecer, listos para cruzar ese estrecho, al que regresarán, seguro, pero ya nunca serán las mismas cigueñitas que lo cruzaron por vez primera. tendrán algunas plumas de menos y muchos kilómetros pesándoles en el cuerpo. Verán otros paisajes, otras personas, razas, religiones, costumbres. Verán guerras y sufrimiento. Disfrutarán del silencio del aire, cruzarán tormentas de arena, descansarán a orillas del océano, sobrevolarán la tierra en su magnitud divina y un día, más cansados, pero más crecidos, volverán a Doñana a descansar y a traer otras vidas.

Laura de la Uz


¿Quieres oír las cigüeñas crotoreando?

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