domingo, 27 de julio de 2014

Un amanecer en Madagascar.

A Miriam Dueñas, por tu pasión, profesionalismo y
entrega...y por tu alegría, tu risa y complicidad.




Mirando una foto que hace unos días me hiciera mi novio en la ciudad de Ronda (Málaga, Andalucía), me he dado cuenta que ese gesto que hago en ella es repetitivo en mi. Parada con los brazos abiertos y la mirada al frente. Me encanta hacer ese gesto. Lo hago, de hecho, muy a menudo, cuando quiero expresar libertad, expansión, bienestar, felicidad, alegría, amor, e incluso cuando no sintiendo estos estados tengo la necesidad de vivenciarlos....Y es ese, justamente, el gesto que en 1994 a Fernando Pérez se le ocurriera utilizar para reclamar estos mismos sentimientos desde una azotea, en Madagascar.

Era la madrugada de un día a principios de agosto del que no tengo certeza. Teníamos que filmar el amanecer desde la azotea del célebre edificio de 25 y O, en La Habana. Subimos con una ascensorista en el elevador que parecía estar a punto de quebrarse para siempre en cualquier momento y dejarlo a uno encerrado o mandarnos en caída libre desde el piso que se le ocurriera.

Estaba casi todo preparado para el plano. Habían construido una plataforma para que me parara y desde allí, aparentar que estaba en el muro de la azotea, al borde del abismo. Fernando y Raúl Pérez Ureta subieron más alto para poder filmarme desde un poco más arriba, un ligero contrapicado. Estaban literalmente cuesta abajo, con la cámara Arriflex de 35 mm, que los conocedores sabrán cuánto pesa, pero que pesa más o menos lo que pesa un muerto. Se aguantaban con sus pies, con la misma estructura de la cúpula desde donde se habían propuesto filmar aquella secuencia. Llevaron a Ricardo Istueta, el sonidista a que reprodujera el Nessum Dorma (la música para esa secuencia en la película) mientras se rodaba.Tenían ya las luces preparadas. Un enorme HMI que me daba directo a los ojos.

Comenzábamos el rodaje porque se acercaba la salida del sol y era importante que estuvieran filmando desde antes, o sea, la idea era filmar justo la salida del sol. Subí a la plataforma y Fernando dio voz de acción. Tan sólo pasaron unos segundos y escucho “CORTEEEEEEEN”....No escuchaba a nadie, silencio total. En medio de ese silencio, se me acerca Jorge Luis Sánchez, en aquel momento, el asistente de dirección de Fernando Pérez, y me dice muy bajito: “Laurita, lo que sucede es que la plataforma se ve completa en el plano y no funciona, definitivamente. La única solución posible sería quitar la plataforma y que te pararas directamente en el muro, pero si te da miedo y crees que no puedes hacerlo, no importa, tendremos que solucionarlo de otra forma”. Me quedé muy callada, no podía creer lo que me estaba diciendo. Me sentía tan segura y tranquila en aquélla plataforma, sin poner en riesgo mi vida...”no te preocupes, si no puedes no se hace”, volvía a repetir Jorge, que me tendió una trampa al decirme esta frase. Sólo hay que decirme, “si no puedes”, para que ya yo esté intentándolo inmediatamente a como dé lugar. Cómo decirle que no a Fernando y a Raúl, que estaban sentados mucho más arriba en una cúpula en la que, para no caerse, tenían que aferrar sus pies....y una cámara. Cómo decirle que no a Istueta, que muy cerquita mío hacía todo lo posible para que el Nessum Dorma me inspirara y acompañara. Cómo decirle que no a todo un staff de gente decidida a hacer cualquier cosa por sacar aquella película, un staff de maestros que ya habían hecho parte de la historia del cine cubano y con el que yo, estaba teniendo el privilegio de trabajar.

“Sí, dile a Fernando que lo voy a hacer”. Y me dice Jorge “espera a que den la acción, después te subes y yo te voy a estar aguantando hasta que me digas que te puedes soltar”. La verdad de las cosas es que lo que había delante de mis pies no era el vacío. Había como otro piso más abajo que también era una azotea, pero habían unos cuantos metros de altura desde donde yo estaba hasta este piso y, por otro lado, tenía toda la luz que habían llevado, dando directamente a mis ojos, o sea, estaba totalmente encandilada...Pero se acercaba el amanecer, no podíamos perder tiempo.

Escuché, en la oscuridad la voz de Fernando, no a toda voz, pero con la suficiente emoción, del que sabía lo que nos jugábamos todos allí, ese día y a esa hora, en esa azotea.

Fernando: Sonidooo!!!!
Istueta: Rueda!

Y comenzaron a escucharse las primeras notas del Nessum Dorma por Luciano Pavarotti.

Fernando: Cámaraaaa!!!!!
Raúl: Rueda!!!
Fernando: Acción!!!!

Jorge me dio la mano para ayudarme a subir, y cuando me sentí en equilibrio, me soltó...y allí me quedé, sola, pero sabiendo que estábamos todos viviendo el mismo sentimiento. Los ojos me ardían porque fijaba la vista en un punto para evitar perder el equilibrio…. y comenzó a amanecer… La Habana nacía, literalmente, de la oscuridad de la noche… la calle San Lázaro justo debajo de mis pies, el Malecón un poquito a la izquierda, de a poco se dibujaba, el mar, apenas imperceptible, una bruma lo bañaba y no me dejaba verlo, era como si  no estuviera, como si no hubiera llegado, y de a poco comenzaba a aparecer… El Morro, a lo lejos… Amanecía y yo lloraba...veía La Habana y sentía una complicidad tremenda con el equipo, con Fernando que sabía, estaba más arriba, viviendo conmigo ese maravilloso momento, esplendoroso, emocionante, donde decíamos a través de ese gesto con las manos levantadas...tantas cosas de nosotros, de Cuba… Lloraba, no lo podía evitar...y no quería que la vista se me nublara. Pero lloraba. El sol salía.....y se escuchaban los últimos acordes de Pavarotti…..

CORTEEEEEEENNNNNNN!!!!!!!!!

Filmamos todo el amanecer y al mirar al lado, Fernando era el que me daba la mano para que me bajara, ya de día, nos abrazamos al pie del muro y lloramos los dos, largamente abrazados uno al otro, compartiendo dolores y desesperanzas, en la Cuba herida de 1994.



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